¡Confiésalo! Has dicho esta frase al menos una vez en la vida. ¿Quién no? Que sea lunes significa que terminó el fin de semana de descanso, y que faltan otros 5 días com-ple-ti-tos hasta que nuevamente podamos descansar, ya sea de las clases o del trabajo, ¡o de ambos!
El lunes pasado tuve un día sin igual, pero nada distante de lo que comúnmente pensamos de este desprestigiado día de la semana. Todo empezó con una ligera lluvia, lo cual no hubiera sido problema si yo no hubiera lavado el carro en la tarde anterior. Pues ya ven, empezó mal para mí. Sin embargo, de camino para el trabajo, mientras me preocupaba por los tapones y por no llegar tarde, vi dentro de la larga fila en la parada del transporte público una mujer que trastornó mi pensar.
Vestía de un traje ejecutivo rosado claro, una cartera grande y un impecable peinado. Pocos segundos después se le adelantó otra joven para abrirle la puerta del carro público, y fue ahí cuando pude notar su condición: era ciega. ¡Wao! ¿Una mujer ciega, dirigiéndose a su trabajo utilizando el transporte público? Por poco me olvido de girar a la derecha en la próxima esquina. Tenía ganas de retroceder el vehículo, llevarla a su trabajo y hacerle toda una entrevista de su vida. Pues les cuento que a partir de ahí cambió mi estado de ánimo en el día.
Vestía de un traje ejecutivo rosado claro, una cartera grande y un impecable peinado. Pocos segundos después se le adelantó otra joven para abrirle la puerta del carro público, y fue ahí cuando pude notar su condición: era ciega. ¡Wao! ¿Una mujer ciega, dirigiéndose a su trabajo utilizando el transporte público? Por poco me olvido de girar a la derecha en la próxima esquina. Tenía ganas de retroceder el vehículo, llevarla a su trabajo y hacerle toda una entrevista de su vida. Pues les cuento que a partir de ahí cambió mi estado de ánimo en el día.
Llegué al trabajo pasado por 15 minutos, mi jefe aún no había llegado y fue cuando recordé que ese día era su cumpleaños. Tuvimos un pequeño desayuno en el departamento, pero apartamos primero un tiempo para externarle unas palabras y deseos al cumpleañero. Fueron muchas las palabras, más de lo que imaginé, a tal punto que mi jefe hasta terminó muy conmovido. El resto del día en el trabajo fue increíble: jefe feliz = trabajo de ensueño.
Al final de la jornada, de camino a casa me crucé con un par de perros callejeros que en un principio me hicieron reír con su astucia y picardía, pero inmediatamente después tocaron mi corazón de manera especial. Uno de ellos se rascaba la oreja no con las patas, sino poniendo la cabezade lado en el suelo y luego caminando por casi media cuadra; luego me di cuenta que tenía sarna en la oreja. El otro estaba cruzando la calle, y estando sentado en la isleta del centro de la avenida, esperó a que yo les diera el paso a dos jóvenes y parándose repentinamente cruzó el también como la gente; luego me di cuenta que cojeaba de una de sus patas traseras.
Llegué a casa y al salir del carro y entrar en la marquesina escuché un maullido chillón. Era un gato bebé (1 mes o menos) que estaba escondido en el jardín frontal de la casa. ¡Oh no! ¡Otro animal sufriente!, pensé. ¿Cómo llegó allí? No sé, pero me conmovió. No estaba lastimado ni nada, pero era tan pequeño... Lo llevamos dentro, lo alimentamos y le dimos abrigo. Aunque casi no me dejó dormir con la bulla, me sentía muy bien por lo que hicimos por él.
Antes de dormir, mientras sacaba cuentas del día tan extraño que viví, recordé un versículo que recitó mi pastor en su prédica del día anterior: “Este es el día que hizo el Señor, nos gozaremos y alegraremos en él.” (Salmos 118:24). A partir de ese instante, entendí que el mismo Dios me hizo ver todas las maravillas que pueden suceder a diario y que nuestro estrés, cansancio, desánimo, etc., no nos permiten verlas. Él hace cada día para nosotros, y, sin embargo, nosotros nos enfocamos solamente en lo malo que sucede. Decidí poner esto a prueba y fijarme y anotar en los siguientes días de la semana cada cosa que se saliera de lo "normal". Estos fueron los resultados:
- Martes: Me desayune con un gato paseándome por los pies pidiéndome comida (será un bebé, pero tiene su instinto bien desarrollado). Estando parado en un semáforo, vi un policía en un motor jugando con su anillo de matrimonio en su dedo anular, por lo que me imaginé que o lo habían “tratado muy bien”, o simplemente estaba feliz de estar casado. Fui en la noche a casa de mi novia y su abuela me estaba esperando con una sopera de “marifinga”. ¡Tenía más de 10 años que no comía eso!
- Miércoles: Tuve una pequeña y extraña discusión con mi novia que inició con su disguste con acompañarme a una ferretería; no les gustan (no entiendo, ¡si son tan divertidas!). Fui a retirar los materiales para mi proyecto (del cual hablaré en otro post); tuve que pagar mil pesos menos de lo que pensaba en el Courier (¡un alivio!). Al llevar a mi novia a su casa, una tía que conocí ese mismo día me levantó el ruedo del pantalón para confirmar que no era un “canillú” y que por lo tanto sus futuros sobrinos tendrían "piernas" (pantorillas grandes).
- Jueves: Aquí mi ánimo de la semana empezó a declinar. De camino al trabajo estuve en un enorme entaponamiento producto del cierre de un tramo de una avenida principal (Máximo Gómez) por una actividad del gobierno. Llegué al trabajo 20 minutos tarde y me brindaron un pedazo de arepa de piña y guineo algo agria (wack!). Me senté en mi PC y noté que se había reiniciado, perdiendo así un gran avance de mi trabajo. Ese día me tocó recibir mucho boches (algunos ni siquiera eran para mí). En la noche, fui a la iglesia: refrigerio total. Toqué y canté, hablábamos de los proverbios, y resaltó el tema de la “alegría a pesar de” (un flechazo directo para mí).
- Viernes: Un día agotador, nada especial. Mucho trabajo. Llegué a casa, pero antes de dormir me puse a leer un libro viejo que encontré con anotaciones mías de cuando tenía como 14 años. Muchos recuerdos agradables…
- Sábado: Trabajé en un operativo de 8-6pm. Salí a casa de mi novia y ella me preparó con sus propias manos una deliciosa e inesperada cena. Vimos después la excelente película: “Gifted Hands”. Luego, fuimos testigos de una lluvia torrencial como hace mucho tiempo no sucedía, la cual provocó un descenso de temperatura agradable para estos días tan calurosos.
- Domingo: Fui a la iglesia. Luego, nos invitaron a comer unos amigos a su casa y compartimos hasta la noche con ellos. Una velada sumamente genial. Terminé de escribir este post.
Como ven, ninguno de los días fue igual, y sé que seguirá así semana tras semana, mes y año. Ahora, todos los días al levantarme recuerdo este verso, y lo declaro para mí: "Este es el día que hizo el Señor para mí; ME gozaré y alegraré en él." Si nos fijamos bien, si tenemos buena vista, veremos los regalos que a diario Dios nos prepara especialmente para nosotros... incluyendo los lunes.
*Ale


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